Si no conociéramos bien los antecedentes de René Francisco (Holguín, 1960), muchos nos hubiera sorprendido tropezar con su exposición ¨ Todo uso es un abuso¨, abierta esta semana en la Galería Latinoamericana de Casa de las Américas como contribución plástica al Premio Literario recién finalizado en esa notable institución de la cultura en la región.
Pero ya sabíamos, desde los tiempos de una Bienal de La Habana en que armó la instalación ¨ Taller de reparaciones¨ con despojos automovilísticos y recortes de carrocería, de su inclinación por la utilización artística de materiales desechados luego de su empleo en la vida útil cotidiana.
En esta oportunidad, René forjó su imaginación a partir de los tubos de pasta dental, rollos de papel higiénico y la recortería de las instalaciones de gas doméstico. Sobre la base de esos materiales, el artista crea un lenguaje en el que las sugerencias contrastantes, tanto en el orden estrictamente visual como en el de las proporciones físicas, se articulan de manera inquietante ante el espectador.
Un primer contraste puede situarse en la naturaleza de los propios materiales originales: los envases de pasta dental - por demás, Perla, de amplio consumo nacional- , y el papel higiénico, desde su anonimato masificado, nos remiten a una idea deconstructiva: el saldo que se arroja. Los elementos hidráulicos, aun fragmentados, nos sugieren una idea constructiva: las partes de lo que se va a armar.
Pero ambas referencias visuales nos colocan a la vez ante la disyuntiva de refuncionalizar, desde una perspectiva estética, su contenido material, a revalorizar su linaje. La cultura del reciclaje cumple su cometido.
Otro contraste se establece en el sentido de la relación entre contenido material y espacio expositivo, dinámica conseguida gracias a la perspicacia del autor y de quien compartió la curaduría, la especialista Lourdes Benigni. Las acumulaciones y densidades de la realización objetual se compensan con la pureza de los contornos y las Iíneas resultantes de la concatenación de las piezas, lo cual redunda en la unidad de la percepción visual y en la sólida trama que anima el espacio.
Y un tercero, y para mi mas importante, contraste, se infiere del dialogo entre tecnología, consumo y función artística. Los dos primeros conceptos, emblemáticos de la edad contemporánea, han sido abarcados por el tercero, en tanto propuesta humanizadora. A diferencia de varios de los más conspicuos discursos visuales de la modernidad, en los que se enaltece el progreso en términos de presunción material, René nos hace un llamado a la humildad, a la modestia, a la escala humana que determina, en primera y ultima instancia, el valor de las cosas.
Esta visión se completa, para quien tenga referencia de la notable imaginación que el cubano ha desplegado desde siempre, pero más en estos tiempos, con la asimilación de signos y señales de la cultura popular. ¿Quién no ha visto un tubo de pasta haciendo de mechero de luz brillante? ¿O banderolas de papel de cualquier tipo, pintadas para ornamentar una fiesta del barrio o de cumpleaños? ¿O utensilios de pedazos de cabilla o floreros de hojalata? El artista salta con pértiga en esta exposición, como para que después se diga: ¿quién no ha visto los nuevos usos domésticos y estéticos del papel y el metal? |