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De regreso a lo cotidiano
 
Lourdes Benigni. Periódico La Casa del Premio. Sección Invitados. Pág. 8. January 2002.
 

El pasado martes 29 de enero, en ocasión de esta edición del Premio Casa, se inauguró la exposición ¨Todo uso es un abuso¨ del artista plástico cubano René Francisco.

El mundo contemporáneo, inmerso en el consumo y, por consiguiente, en sus deshechos, ha impuesto el termino reciclaje que define el acto de recuperar y transformar la materia aprovechable. Y es esa, precisamente, la palabra clave para René Francisco en su quehacer artístico, y en su comprensión del proceso del arte.

Todo uso es un abuso, parte de una sentencia popular y es aplicable a cualquier situación manifiesta de un uso indiscriminado de algo o de alguien. En su caso, quizás esta aseveración lo ha llevado a reflexionar en torno a la morfología de sus objetos escultóricos e instalaciones bidimensionales, donde es recurrente en los últimos años la presencia de formas tubulares en dos recursos fundamentales: envases de pasta dental y tuberías utilizadas para las instalaciones hidráulicas y de gas licuado. Al decir del artista, la subordinación a estos materiales, de los que se apropia y a los cuales transforma magistralmente, funciona en el ámbito de la creación individual como una suerte de obsesión. Cada vez que ha querido sustraerse, vuelve a sentirse entrampado por la atracción y las imágenes sugerentes que los mismos le ofrecen.

De René Francisco recordamos la instalación Taller de Reparaciones (1997), expuesta durante la VI Bienal de La Habana, donde recurre a uno de los iconos de la plástica cubana de esa década: la isla de Cuba, esta vez construida con restos de autos viejos además de los materiales a los que ya hemos hecho referencia. A partir de 1990 puso en práctica entre sus discípulos el proyecto "Desde una Pragmática Pedagógica", Proyecto docente que, sin lugar a dudas, constituye un espacio en el que combina la investigación sociológica y el trabajo con la comunidad como experiencia generadora de nuevos temas y actitudes para la reinmersión social del arte.

Por eso no es casual que en la producción artística posterior a 1997 indague más en su mundo doméstico, como si después de un largo viaje lleno de conflictos encontrara ante si una realidad que por cotidiana no había sido tenida en cuenta. Es el regreso a su taller, donde, como buen artesano, modela y humaniza de manera ingeniosa un ejército de figuritas metálicas sin rostros, concebidas primero en los bocetos del cuaderno que siempre le acompaña. No importa cual va a ser su función, ellas están ahí en todas partes, como centinelas, organizadas como soldaditos de plomo, solo a la espera de la orden; pero así frágiles y vulnerables como el ser humano, agrupadas siempre en pelotón alineado, dispuestas a enfrentar cualquier contingencia, a defender su derecho a existir en diferentes soportes ya sean dibujos, instalaciones u objetos escultóricos.

Dialogan ellas y comparten su hidalguía con piezas de papel sanitario, dispuestas en grandes instalaciones que desconciertan al espectador por su pulcritud y aparente ausencia de significados y significantes. ¿Responden estas a una preocupación ecológica, tan de moda en los últimos años? ¿O serán un llamado al mundo del consumo? ¿Es abuso en el uso? Nada más alejado de la realidad. De todas formas habría que preguntarle al autor de tan enigmáticas realizaciones donde solo se infiere, por los elementos que utiliza, el acto de limpiar, de higienizar la superficie donde están emplazadas.

Son diversos los factores que han incidido en la traslación del eje ideotemático en la producción plástica de René Francisco. Transita de una operatoria que pondera, en primera instancia, la inserción del arte en la sociedad, pasando por las inevitables auto-lecciones aprendidas en la puesta en práctica de su proyecto pedagógico, hasta llegar al binomio que conforman la casa familiar y el taller. Sin lugar a dudas, Todo uso... refrenda su regreso, tal vez no definitivo, al ejercicio de lo cotidiano.