Algunos gustamos de comer todo lo que se nos ponga en la mesa. Unos somos mas frugales, otros más opíparos; pero todos consumimos y por ende asimilamos. Algunos podemos ser más caníbales en tanto deglutivos, voraces de todo...; volverse caníbal facilita la celebridad y la fama. René Francisco ha gozado esas virtudes y ha padecido esas acumulaciones. Así, acopiando y acaparando, ha ´encilindrado´ sus obsesiones.
Ahora, en ¨ Todo uso es un abuso¨ (1) la aparente presencia puede ser una supuesta ausencia donde no vale constatar ni el espacio ni el entendimiento de ese trauma ineludible que definimos como ´lo conceptual´. A René lo que más parece encantarle es la extensión morfológica de esa inferencia erótica y fálica que se potencia con ´el tubo´ -sea cual fuere su material. Porque la operación con la que ´penetra´ plásticamente reitera al elemento en tanto evidente portador de las connotaciones que se les quiera conferir.
Con su empleo - que es uso - ofrece una suerte de muestrario ´todo incluido´: tanto la obligación rutinaria como la creativa; tanto las incesantes urgencias que nos exigen esa vocación funcional hacia todo, como los extasiantes ´goces´ diarios - según sugerencias de la serpiente del Edén que algunos en su abulia o ascetismo no alimentan. Pero René Francisco parece haber aprendido mucho de ese insinuante reptil cuando su eje se enlaza con la orgía, la promiscuidad, el empaste sin pasta, la moldeabilidad.
Hombre y tubo somos semejantes en eso: vernos maleables como en un juego seductor de Váttimo. Y en las últimas producciones de René Francisco todo parece asistir a ese espacio lúdicro. Vuelvo a pensar como su operación hereda la ganancia duchampeana, la conquista dadaísta y la sacralización pop; como su sensibilidad parte de una herencia histórica que de hace unos años acá en él se nos presenta aparentemente mínimal por su limpieza representacional. Esta vez me encuentro con un depurado registro de un proceso de efectos donde su autor nos dispone ante supuestas lecturas, quizás presumibles en nuestras mentes; desde una parodia de la superficie aparencial que extrema la continuidad.
Sigue entre sus fantasmas - ellos también alimentan - la carnavalizada metabolización del espíritu beuysiano que funde - vaya redundancia - las ya disueltas fronteras entre el arte y la vida. Porque se vale de la casa desde el rediseño de sus atributos materiales o utilitarios en esa perspectiva ontológica inherente a lo objetual.
Persevera su mirada hacia lo cotidiano, lo usual o lo frecuente. Ello se manifiesta en la resolución de objetos que aluden a la eterna ansiedad de consume que también a muchos nos devora. En esto - potencial criticismo que conjeturo - puede radicar algo del pensamiento promedio cubano, abocado de nuevo a la perturbación adquisitiva de objetos y materiales para idear la sobreviva (2).
Vuelve a ser de su gusto la simbiosis, nada disparatada en Cuba, entre el refugio vital y el mundo del quehacer. Tal y como sucede con el ya común trabajador por cuenta propia que destina una parte de su hogar para generar un servicio. El de René Francisco queda bien claro - y también le exige un impuesto -; por ello su perenne reinvención - aventura con lo mismo - es su ansia para estar en lo alto del abalorio. Su consecuencia es esa cíclica broma que ahora se redunda en una degustación hedonista de una visualidad que posee su terreno - bien licito y legitimado en el arte - desde hace más de ochenta anos.
Tal vez desde esos nexos deconstructivos podamos lucubrar sobre la noción de lo colectivo, de lo contrapuesto a la individualidad. Quizás evoquemos al desenfreno en tanto metáfora de lo informe que podemos ´ser´ vistos desde las alturas. Como dije, puede parecer todo o acaso nada. Mas en Todo uso... se manifiesta con perfectas luces un interés por la regresión.
Y así el pozo, anterior referencia simbólica a su espacio natal, sigue simulando el infinito, el ensueño, la Utopía de antes. Con él también se regresa al fondo (que es la fuente y para algunos el pensamiento) como si acudiéramos al hábito de mordernos la cola para sabernos en algo vivos. Igual los tubos son construcciones y conductores que nos encauzan hacia esa obsesión suya. Otro símil de la ´vuelta´ esta en la limpieza ora orgánica, espiritual o física; ora con papel o con los ´familiares´ trapeadores. De cualquier modo, la necesidad de limpiarnos implica mirar atrás y ahuyentar lo impuro.
Su ´carrusel´ de imágenes nos acerca a un registro del proceso, del juego, de otra manera de manifestarse su enfermedad por dos materiales básicamente - más otros complementarios. Igual ahí se evidencia una construcción de la representación en algo cínica, donde las acumulaciones ofrecen la degustación de la ambigüedad que nos lleva de la apología a la burla, de la problematización a la estatización visual.
Este ´...abuso´, al traspolar una sentencia popular, puede implicar un comentario irónico y en algo cínico relacionado con la persistente reiteración morfológica. Ciertamente es un indiscriminado desmesurador del recurso formal para ser aparentemente elemental en sus resultados, con un presumible interés por querer ordenar con la profusión, la mezcla, la apropiación y algo de reciclaje.
Y es que René Francisco está emboscado por la atracción y la sugerencia de imágenes que los materiales le ofrecen.
Como en un encantamiento personal que genera un regodeo. El juego parece concentrarse en la construcción de un ardid tautológico, cíclico, retórico. Porque de cierto modo estos tubos - que en primera instancia tienen una función conductora - ´conducen´ a un ensimismamiento en ocasiones laberíntico y en ocasiones palmario.
Me pregunto entonces si estos excesos - de hacerse más enfermizos -, que han generado una muestra con un particular atractivo, no acarrearán problemas en el mantenimiento de nuestras cocinas y nuestras aguas, o agotarán las reservas de un papel tan caro para algunas partes del cuerpo.
Porque, insisto, René se halla entrampado en la gracia de sus objetos.
(1) Puesta en escena entre enero y febrero de 2002 en la Galería Latinoamericana de la Casa de las Américas, Ciudad de La Habana.
(2) En este orden debe quedar claro que la obra de René se enlaza con algunas obras de Adriano Buergo, Ángel Ricardo Ríos, toda la ´Mecánica Popular´ de los Carpinteros, o Gabinete OrdoAmoris, etc. |