BIBLIOGRAPHY  
Primero retorcer, luego estirar
 
Efraín Rodríguez Santana. Catálogo Lectura 2. Ponjuan de La Coloma – René Francisco. Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño. September 1988.
 

¨Primero retorcer, luego estirar¨ en la estación quiérase paradigmática. Muy poco conocida. Si apuntamos con la mirilla, ya comprenderemos que los irrisorios objetos, las palabras inusuales, el espejo astillado, saltan en el asfalto al sonido de una alarma de combate. Se mueven, se mueven, y poseen su envés, sus bordes, un ocultamiento curativo. La estación también tiene su otra cara; de la multiplicidad y la contaminación no hay que sorprenderse. En medio de los gases y la imagen en negativo, los poetas ven, los pintores ven, alarmando, alternando el inútil hieratismo del guardián. Estos campos de realismo, esas imágenes vacuas desperezan la insatisfacción: álguines necesitan nihilar, esceptizar, oscurecer, aplaudir el descaro de la soledad, el encanto de la libertad. Exorcizar la moralidad y la cola de la serpiente tascada por dientes rojos.
Nadie se llame a encantamientos. No es sublime. Está bien la imperfección. Entonces, aunque no sea nuevo en el XX, silencio para irreverenciar, refragmentando las copiosas enseñanzas, los símbolos sanguíneos, la bad propaganda, la inanición lingüística, la oquedad consignataria, la conveniencia de los fieles-difuntos. Tampoco se trata de una progresiva ¨iluminación¨, sino de la atomización de ésta. Provocar el estallido de los fundamentos, de las recuperaciones, de los retornos de la historia experimental, la que se cuenta hoy de un modo y mañana de otro. En consecuencia, estamos atisbando en la piedra la contingencia ecléctica, la ambigua naturaleza del ser, la capacidad que tiene la obra de poner en tela de juicio su propia condición de tal, la autoironización que a veces abreva en algunas tradiciones, más para punzar en la amrga visualidad de nuestro tiempo.

Organizar ese placer de lo irritante entre tantos ojos, provoca la polifonía callada, el hacer sin mercado, la descanonización del síntoma lunar. Es como volver a ver y a pensar con renovada fustigación de símbolos otrora conocidos en su caducidad o inalterabilidad – Cristo, cabezas aztecas, la canción de la violeta, cuerpo sacrificado, Van der Meer, bandera soviética, Minamoto Yorimoto, barrenderos, Martí, samurai, Ángel Escobar, bandera 26 de Julio, I Ching, Jorge Luis Borges, frutas, Oda a Julián del Casal, Baudelaire, caracol, bandera USA, hachís, flechas, ventilador, Segundo Planes-, los cuales ahora, por arte de la re-composición largamente meditada, la acumulación simultánea de referencias filosóficas, literarias, artísticas, históricas, van calcando un collage inevitablemente corrosivo y actuante. Por estos caminos y otros andan las mixturas de Ponjuán de la Coloma y René Francisco. Alejados del protagonismo, de los temas de la calle, su técnica usualmente cambia de máscaras, trajes, siglos, cosmogonías para mejor anular la ¨ley de lo inasible¨: unas momias de cal adornando con sus ojos en blanco la inercia de los devotos franciscanos.

Los paisajes pulcros, sin color, atenazados por el dibujo, la reproducción cultista y la inserción de los auto-fotorretratos, a veces con cierta vestidura angosta e ingenua, definen un primer decursar onírico e inofensivo, más interesado en la curiosidad formal y en la primitiva dialéctica de las representaciones. En ¨Lo abismal, el agua¨ emergen dos mundos cortados con sobriedad por el silencio. Por un lado, la tierra: un perro, una columna dórica. Por otro, el cielo: incunables, antiguas escrituras, sabiduría entre una fina red de lianas. ¿Será imposible la relación entre estos planos? El hombre dentro de su precaria seguritas, si tiene mucha suerte, podrá optar. ¿Y por qué una opción tan rígida? Para el I Ching, esa conjunción significa: P´i, El estancamiento: ¨Las fuerzas creativas se mantienen desconectadas. Es el tiempo del estancamiento, de la decadencia¨.

En ¨Utopía fallida¨ y ¨Abuso de confianza¨ están ya la dislocación del color, el abigarramiento azaroso, impactante por su heterogeneidad connotativa; una locura cuerda, con infinidad de posibles lecturas y también sustanciales dicotomías, asombro de las paradojas, contradicción del ojo refractario.

Varios órdenes contrapuestos en el óleo: Van der Meer, el Cristo cayendo, la japonesita transparente, en un sitio; en el otro Baudelaire y el hachís, el galgo, el caracol. Es como si se insistiera en una afanosa concurrencia de objetos, tiempo y espacio, los que todos juntos nos devuelven un nuevo sentido del ¨caos¨ estético. Podría significar un sui generis escarceo en los orígenes, pero sin intentar perpetuar una mirada concupiscente hacia nuestra secularizad, perneada de retóricas insalvables. ¨No puede hacerse la descripción valedera de una imagen sin la orientación del pensamiento hacia la libertad¨, dice Magritte. Esta capacidad de hallazgo nos informa de la irrupción de nuevos-viejos signos que nombran nuevos-viejos valores. La ignorancia y la conveniencia son sus opuestos, el santuario de otro style bourgeois.

Depuración simbólica y, por tanto, un posible acto de superación; una nueva síntesis de analogías se produce en Lectura 2. Martí parece ser la figura primada de este cuadro, pero si logramos leer desprejuiciadamente, comprenderemos que es la historia cubana en su conformación, devenir y mutaciones, el blanco de asertos e interrogantes. Aparece Martí sentado en la base de un jagüey –el árbol de los paleros, el símbolo de Zarabanda-, las raíces y el tronco están revestidos de conos acerados, semejantes a una masa guerrera medieval. Su postura es desenfadada, como de un guapo de esquina, las piernas muy abiertas, desafiante. En uno de sus pies calza una bota agresiva, represiva; en el otro, un zapatico de dos tonos: blanco y punzó escatológico, de conquistador, de bailarín. Nos percatamos, entonces, que en el espacio abierta que va de la bota al zapatico cabe parte de la historia insular, y que entre lo represivo y lo jubiloso-descreído transita un tipo de ¨identidad¨, un modo de existir desarraigado. Otro signo inquietante y dubitativo está relacionado con los hombrecitos que limpian, lustran la figura martiana. Es como si presenciáramos un ¨artificio¨ reverencial extraño a la esencia del héroe. Como si ese empeño cubriera un tranco del oportunismo de moda de cada estación. La cabeza, la frente, los ojos, están metamorfoseados en tigre. Estamos en el presente y en el futuro. Un modo de confirmar la vigencia martiana, esta vez en la agresividad del tigre camuflado. Recordemos que para los chinos el tigre refleja a los revolucionarios y a los conductores de hombres. Es violento, colérico y batallador, capaz de consagrarse a una causa hasta la muerte. El animal ahora arremete contra las aspas de un Westing House, la eterna lucha del Quijote contra los Molinos de viento, los giganjtes enemigos. Detrás del molino-ventilador, asoma un nuevo símbolo oscuro: figuras indiscernibles, con corazas españolas, muertos que observan su propia historia. Y en el centro, tres banderitas sujetas por un hilo que a su vez descansa en una roldana. Arriba, la bandera soviética, debajo, la norteamericana. El espectador podrá pulsar el hilo y acertará o alejará las mismas a su antojo, mientras que, invariable, siempre en su centro, estará la del 26 de Julio. Frente al rostro de Martí hay un libro que tiene la función de parapeto contra las balas. Su título: Lectura 2: otra imprescindible lectura, una lectura segunda, en la cual José Martí se ve representado en algunas etapas de la historia como independencia, identidad, valentía, idiosincrasia, sometimiento, represión, apatía, choteo. Historia como transformación y enfrentamiento insular. Ahora mismo, quijotesca y salvaje.

En otro extremo de la decantación, casi preciosista, nos aguarda ¨El pabellón del vacío¨ -asimismo ¨Historia de Cuba¨ y ¨Cafetera A.L.¨- ¿Extraño retorno al mundo del silencio? La vitalidad de la operación artística también guarda íntimas conexiones con los silencios. Sin embargo, cuando observamos pacientemente a ese organizador de los ejércitos japoneses del siglo XII, intuimos, por su entorno, que estamos en presencia de una aparente sobriedad. El compromiso no está en el vacío, en el aislamiento, en la meditación, sino en la guerra, en los mangos y en las cañas camuflados, aunque aún queramos insistir con Lezama: ¨Permitid que vuelva, ya nos mira,/ qué compañía la chispa errante de su errante verde,/ mitad ciruelo y mitad piña laqueada por la frente¨.

En ciertos años de abulia estética se afirma tanto, que todo termina negándose, el negligente esplendor de algunos movimientos y figuras artísticas puede corromper la única ambición: crear. Abrir la lente, no significa quedar ciego.

Relación de obras.
Utopía. Técnica mixta/ tela (121 x 180 cm) 1988.
Generación de los 70. Técnica mixta/ tela (160 x 160 cm) 1988.
Lectura 2. Técnica mixta/ tela (320 x 200 cm) 1988.
El fumador. Técnica mixta/ vinil (160 x 121 cm) 1988.
El pabellón del vacío. Técnica mixta/ tela (160 x 200 cm) 1988.
Cafetera A.L. Técnica mixta/ tela (100 x 200 cm) 1988.
Historia de Cuba. Técnica mixta/ tela (121 x 180 cm) 1988.
El arquero. Creyón y grafito/ cartulina (222 x 457 cm) 1988.
El escogido. Creyón y grafito/ cartulina (204 x 370 cm) 1988.
Utopía fallida. Técnica mixta/ cartulina (250 x 450 cm) 1988.
Abuso de confianza. Técnica mixta (200 x 500 cm) 1988.
Lo abismal el agua. Técnica mixta/ papel (75 x 51 cm) 1987.
La familia. Técnica mixta/ papel (200 x 300 cm) 1988.
El rey de bastos. Técnica mixta/ tela (150 x 80 cm) 1988.