EXHIBITS  
Historias Cruzadas
 
PanAmerican Art Projects, United States. October 2008.
 

La eterna pertinencia del cruce

(allí donde el camino se deshace)

(…) he sido Homero;

en breve,

seré Nadie, como Ulises;

en breve,

seré todos: estaré muerto.

Jorge Luis Borges

I. Huir, debemos huir

En las obras de René Francisco la intimidad parece ser una quimera. Sus personajes desconocen los privilegios del esparcimiento en solitario, del sosiego y la quietud despojados de la mirada del otro. Sus pinturas son un aviso de que algo anda mal: nos alertan sobre el peligro de las subjetividades estándar, del sujeto tipo, modelo, aquel que subordina su singularidad a la hegemonía de lo uniforme, al imperio de las psiquis análogas. Un sujeto sin autonomía, que se sabe absorto en la masa torpe, amorfa, más allá de toda capacidad de autogestión. Un sujeto que marcha sin rumbo (sin un ´por qué´ ni un ´para qué´), por el solo hecho de la inercia.

Hacinamiento, muchedumbre, estupor colectivo… Nada de soledad y ensimismamiento. Esas son dos palabras herejes dentro de la poética de René. Sus seres se me antojan temerosos, pávidos, ansiosos del montón, de la nube humana que encubre, que oculta. De ahí que todo el tiempo huyan, le den la espalda al espectador, en una suerte de retirada que delata una dimensión ética dudosa, incierta. Pléyade de ´desertores´, podríamos decir. De individuos camaleónicos, que evaden una circunstancia que quizá los lacera, pero que pide a gritos el enfrentamiento, más que la fuga. La pregunta es, ¿de qué o de quién huyen? ¿Del poder, de la Institución-Arte, del público, de la Ínsula piñeriana que nos brinda, maldita, ´agua por todas partes´…? Justamente en esa ambigüedad semántica las obras adquieren una profundidad sociológica altamente sugestiva.

II. De algoritmias, heterodoxias y ciudades simuladas

Frente a toda la retórica insular de la masa abanderada, utópica, dispuesta a dar el paso al frente por un ideal colectivo, emancipatorio, estas pinturas de René Francisco suponen un punto y aparte. O más bien una alternativa que desestabiliza los grandes relatos quiméricos del poder. Se trata de sujetos que no niegan la eficacia de la ´unidad´, solo que la emplean en un sentido inverso, a contracorriente. Son sensibilidades distópicas, heterodoxas, que descreen de los ideales en positivo. Su marcha es la negación de aquello en lo que un día se cifraron múltiples ensueños, pero que hoy resulta insostenible, arcaico. Son el disenso hecho pueblo. O a la inversa. Ellos no saben hacia dónde van –vagan desorientados, errabundos–, pero sí saben que no habrá regreso. Su sueño está en el horizonte (´Dream´), quizá en el mar, en una lejanía redentora –por ignota. O en una ´Ciudad simulada´, recóndita, metafísica. Una ciudad que sabemos no es la nuestra, y eso ya es reconfortante. Urbe esotérica, sombría, alejada de los ´favores´ lumínicos del trópico. Simulacro de metrópoli. Espejismo destinado a llenar los vacíos de la memoria colectiva. Lugar del futuro. Paliativo de la incertidumbre del presente.

La multitud infortunada que nos entrega el creador padece una suerte de claustrofobia, una asfixia grupal que vulnera voluntades y constriñe el pensamiento. Aunque en el fondo también sufren de ´horror al vacío´. Se han adaptado muy pronto a la nulidad de la muchedumbre. Habitan un ´País´ aritmético, algorítmico, en el que apenas hay lugares vacantes. Una nación donde la medida y el cálculo han devenido estrategias infalibles de ordenamiento, de preservación hegemónica. Estado racional, de autómatas detenidos en un marco tempoespacial impreciso, suprarreal, donde la historia parece haberse obstruido en la perpetuidad de un gesto irrevocable. Geografía del no lugar. Nada infinita, punzante. Imperio laberíntico, inextricable. Dominio de la duda…

III. La vida es un punto que se pierde, allá en el horizonte

El proceder de la pintura de puntos, presente en todos los cuadros de la muestra (y cuyo origen se remonta a la época en que el artista trabajaba a dúo con Eduardo Ponjuán, básicamente los tiempos en que ambos vivieron y laboraron en México), resulta sumamente funcional para la estrategia discursiva emprendida por el autor, toda vez que esa operatoria casi artesanal, pausada, parsimoniosa, metaforiza de algún modo la morosidad del tumulto que avanza –o se repliega–, la monotonía de la marcha y quienes la integran. El intento de estandarización y homogeneización de los puntos, uno por uno, remeda la despersonalización del grupo humano. Significado y significante conjugados inteligentemente, de manera armónica. Además del elevado virtuosismo técnico que se evidencia en dicho proceder, no lo dudemos. El artista posee un poderoso oficio pictórico; de lo contrario todo hubiese quedado en el intento, en el orgasmo conceptualista.

IV. Sobre la eticidad y otros valores

Historias cruzadas es una radiografía sagaz de la reproducción y dobleces del comportamiento humano. Es un llamado a la revisión de la autoconciencia colectiva, un examen ontológico de la ideologización como implemento de dominación, de control cívico. Al tiempo que una respuesta a las poses simuladoras de consensos grupales. Es, en definitiva, una expo de enorme pertinencia en los tiempos que corren, en tanto nos ayuda a comprender mejor quiénes somos, hacia dónde vamos, y, ante todo, cómo proyectar nuestro futuro.

La Habana, julio de 2008.

Píter Ortega Núñez

Curador y crítico de arte

Lic. en Historia del Arte por la Universidad de La Habana

 
   
Pictures

"Ciudad Simulada" 80,5 cm x 170,5 cm Oleo sobre tela



"Erró la perspectiva" 150 cm x 210 cm Oleo sobre tela



"Cuadros" 120 cm x 160 cm Oleo sobre tela



"La Masa Cortada" 198 cm x 178 cm Oleo sobre tela